Manejo prenatal de las dilataciones del tracto urinario

Manejo prenatal de las dilataciones del tracto urinario
En base a los datos referidos, en general se acepta que:
— Las dilataciones fisiológicas, aunque deben ser controladas durante el embarazo, si mantienen las características iniciales, no van a necesitar ningún tipo de evaluación
posnatal (figura 1).
— Las dilataciones leves pielocaliciales (ectasias pielocaliciales) constituyen el grupo más numeroso (2-7% de todas las gestaciones) e independientemente de que sean uni o bilaterales, en la mayoría de los casos no reflejan patología importante.
Sin embargo, teniendo en cuenta que en algunas ocasiones pueden progresar y que un número no pequeño de ellas se asocian al reflujo vesicoureteral (RVU) fetal, este tipo de dilataciones deberán ser controladas rutinariamente durante el embarazo y necesitarán una evaluación posnatal. En la actualidad como luego veremos, no existen criterios uniformes a
la hora de valorar este tipo de dilataciones tras el nacimiento (figura 1).
— Las dilataciones unilaterales severas, como ya hemos comentado, casi siempre son tratadas de forma electiva tras el nacimiento, y si no se acompañan de oligohidramnios,
la función pulmonar y renal del recién nacido (RN) serán normales, sin que se haya demostrado, en contra de lo que algunos recomiendan, que el adelantar el parto aporte ventajas significativas.
En el periodo posnatal deberá descartarse en primer lugar un proceso obstructivo,
aunque hoy sabemos que la mayoría de estas dilataciones son funcionales (figura 1).
— Por último, las dilataciones bilaterales severas, mucho menos frecuentes, son
indicativas de uropatía obstructiva. En la figura 2 se representa el protocolo de estudio
que realizamos en nuestro hospital. Las bilaterales con líquido amniótico normal
se dejan evolucionar normalmente durante el embarazo, efectuando controles
ecográficos frecuentes. Tras el nacimiento, la función pulmonar y renal serán aceptables
en la mayoría de los casos. Cuando se detecta un oligohidramnios (2º trimestre)
y existen malformaciones extrarrenales graves asociadas (cromosomopatía, síndromes polimalformativos, etc.) existe la posibilidad de interrumpir el embarazo antes de las 22 semanas de gestación. Lo mismo ocurre si, tras detectar un oligohidramnios, los criterios pronósticos son indicativos de una displasia renal severa con pobre función renal. Por último, si tras detectar un oligohidramnios, existe una buena función renal, dependerá de la
madurez fetal para adelantar el parto o para indicar una intervención quirúrgica
derivativa “intraútero”. Este tipo de intervenciones serán realizadas siempre en centros
especializados, y aunque los resultados iniciales fueron muy desalentadores, en la
actualidad, algunos consideran que, cuando dichas intervenciones se realizan de
forma más selectiva, los resultados son mucho más favorables.